lunes, 20 de abril de 2015

Hombre

Practico y preciso, hombre acústico en su eco,
despojado de fallas, de impiadoso gesto.
Abrigado en el aura de la gloria histórica, 
de caudal en caída en perfecto ángulo.

Inseparable mármol de aclamada línea, 
con solo venas en cause de piedra blanca.
Están absueltos de tus hombros sin tiempo,
lo adverso del mortal y su batalla por vivir. 

Aparecen en tus líneas, lo corpóreo del don 
del arte humano, como tallado, amable y duradero.
En arpegios de música, se deshacen las miradas
de los casuales visitantes, que acopian el lugar. 

En un quizás y con el miedo de la escena diaria,
solo la luz del sol protege y ampara tu presencia. 
Quitando de un golpe seco, ruidoso y tímido, 
el aire estanco de tus días de silencio eterno. 

Habla sin palabras, hace de su arte el símbolo,
sin ruidos escandalosos, grita a todos su belleza. 
Permanece, sobre la vereda lacónica  de su largo día,
Atravesando la tempestad irreversible de la historia. 

En Florencia, ese día llovía, ese día llovía como tantos
otros, se humedecían las farolas negras y los puentes.
Una mujer, con una elegancia exacta, juntaba sus pies
para un retrato casual, ofreciendo un final sensible y delicado.


                                                               Florencia, 30/05/10