Te matamos sin piedad, te desgarramos,
te pisamos los sueños, te lastimamos,
te asfixiamos el aire, te pateamos,
te atropellamos la vida, te dañamos.
Te pegamos, te atamos las manos
te cortamos las alas desplegadas.
Te devoramos el alma inquieta,
ilusionada y siempre pujante.
Te amamos desesperadamente,
te cuidamos y protegemos.
Te admiramos y te veneramos,
te sentimos vida y nos abrigas en vientre.
Muchas veces, tu libertad
es tu condena de muerte.
Permitirte volar? no te dejamos.
Como vas a volar insoportablemente
Los umbrales de sangre aparecen y
se imponen, se atropellan
en caída destructiva e impaciente,
ante los limites de desfallecen.
Se queda sin palabras el verbo
que salva, que divide la fuerza
del argumento, del refugio
de no matar, por que ellas siempre mueren.
Mueren aguantando, gritando,
pataleando, llorando, empapadas
de umbrales de sangre que se transgreden.
Pegando, sufriendo y luchando.
Tanto miedo inunda? tanto clamor
por apagar su fuego? por que no
soñamos otros arpegios menos
abjectos, arpegios mas nobles y verdaderos
Que los umbrales de sangre no
sean de sangre, que los umbrales
nos ayuden a saber comprender,
a saber tolerar, a saber amar,
por que ellas.. ellas compañeros
ya lo saben largamente...
Martes 8 de Marzo 2016