jueves, 4 de septiembre de 2014

Piedra Piedad


Las arcadas de los puentes
se suceden en simple secuencia,
con tiempo de aguja lenta
y otorgando el  paso del rió.

Se dejan humedecer, por agónica
marea, las pálidas junturas
de orígenes perdidos y lejanos,
en el caudal iracundo e indiscreto.

Las figuras humanas, en fría piedra
piedad, entregan al sol el rostro.
Esculturales y en ceño, posan,
en toda la extensión del puente.

Como en guardia y en estático gesto,
adustas, firmes y frías,   
muestran lugares gastados como
único registro de afecto de manos infinitas.

Hoy se esfuma otro rasgo de de tiznada
y malherida historia repetida.
En miradas de paso casual,
que agregan ocasos suaves.

Se deja caer la tarde untuosa y anaranjada, 
en pinceladas de viejos violonchelos.
Maderosos violines lloran la muerte
de las ultimas luces del sol cansado.

Con esquirlas de belleza perpetua,
la escena explota y ofrece,
en frió cincel preciso,
una vagabunda idea de calma.



 Praga, 22 nov, 2012
                        

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