En esas esquinas frías, de faroles amarillos
aprendiendo a ayudar heridas abiertas,
devorándome a bocanadas la piel seca del alma,
levantando del piso las escamas caídas.
Como de paso, destinado al destino inflexible
Intentando despertar del muerto letargo.
De andar y tiempo vacilante tejido en la penumbra,
los viscosos y cansinos lugares del alma.
Te queda eso de caminante con mortajas etéreas
llevando a cuestas las tribulaciones del alma
En una salina inmensa de incertidumbres
sin el rumbo dibujado en el camino.
De solo pensar un suspiro largo,
de grises algo gastados y de lejos.
Apura la exigencia de reír en muecas,
dando un abrazo a las derrotas vividas.
Miserias miseras que desarman el sol
dejándolo oscuro, descartado y silencioso.
Las tejas rotas borravino desparramadas,
quedan en el suelo de todas tus respuestas.
Así y sin decir nada, el muro de fantasmas
negros te persigue en un canto agudo.
Tu carroza apurada de sueños vestidos de gala,
huyen de la desilusión permanente.
Solo las caricias del terciopelo de la experiencia
te devuelve un ahora raro, desarmado de prosa.
El fuego de tus ganas se apaga, el velo frágil ahoga
tu fuerza, pero no te mata, te deja respirar un poco.
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